EL ARTE EN LA PALABRA/MERCEDES AMAYA “WINY”: LA MAGIA DEL FLAMENCO PARA BUSCAR MUNDOS DE SONIDOS

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Mercedes Amaya, Winy, es hija de un cantaor sevillano y una bailaora de Barcelona. De gira en gira, la familia se trasladó de Colombia a México en la década de 1960 y en este país nace Winy, sobrina además de la legendaria bailarina Carmen Amaya, originaria de Barcelona de quien se ha escrito enfatizando su vital capacidad de introspección para conectar con la fuerza del sentimiento a través del baile. Un rasgo que está en toda la familia Amaya, alternando la exploración del movimiento del cuerpo con la indagación atrevida de giros y zapateados.
En la diversa escena actual del flamenco, Winy valora el trabajo dancístico de Farruquito, Manuela Carrasco, su hija Karime Amaya, Paloma Fantova, entre muchos otros, con los que converge en que optan por el flamenco que retoma lo antiguo y aunque tenga diálogo con elementos muy modernos, preserva el sabor esencial de este arte:

(…) Tú ves a una persona bailar y si el ¡ole! te lo arranca de aquí …señala su pecho… natural, solo (…) que te mueve por dentro (…) no es ni planeado (…) Eso es flamenco para mí (…) Y antiguamente era así (….) te lo sacan (…) de dentro.

Entrevista y texto: Eugenia Macías / Fotografía: Gerardo Castillo.

 

DEL MOMENTO DECISIVO DE DEDICAR LA VIDA AL ARTE

Mercedes Amaya, recuerda que el momento decisivo para dedicar su vida al arte fue cuando pisó por primera vez un escenario, cuando debutó. Tuvo una sensación tan mágica, en las nubes, que se dijo que era lo suyo.

Era una función en el que fuera un famoso tablado flamenco en la Ciudad de México: Gitanerías. Ella tenía 14 años y actuó con su hermana Chuny Amaya, a quien tiene que agradecerle junto a su madre y su tía Leo cuando comenzó a gustarle el baile, el llegar a los escenarios y dedicar su vida a la danza.

Ellas daban clase, tenían una escuela. Winy regresaba de estudiar y le preguntaban si no iba a bailar. Y decía que no le gustaba. Pero oía todo diariamente. Recuerda que un día estaba aburrida y se quedó viendo una clase y lo hacía por su cuenta y todos los pasos le salían. Entonces le preguntó a su tía Leo si podía meterse y ella se lo permitió advirtiéndole que no podía salirse a la mitad de la clase.

 

LO QUE SE AMA DE LA PRÁCTICA ARTÍSTICA PROPIA

Winy explica la magia del montar un espectáculo, cómo se le hace una coreografía, cuando lo ejecutas. Incluir un zapateado o un paso, es relativo, se da según la música, el momento, el baile, las personas, no es algo que se planifique. Para ella crear se da cuando uno menos imagina. Algo gusta de eso que llega de repente, y es lo que trata de usar o aprovechar.
La relación con el cante se va dando, al comenzar a trabajar, convivir con cantaores, al ir viviéndolo. Esta creadora narra que lo primero que ella tiene de noción de cante es por escuchar a su padre:

 

Todo tiene su punto de magia (…) cuando te imaginas un espectáculo ya estás empezando a crear magia y a emocionarte y a visualizar (…) Todo el mundo puede aprender(…) porque te tienes que empapar y saber de qué se trata (…) cómo tienes que hacerlo (….) ¿Qué significado tiene el cante?: Pues todo, lo tiene todo, porque te están cantando (…) No es una coreografía (…) tienes que ir acompañando al cante (…) vas tú siguiendo al cante, pero el cante también te sigue a ti. Entonces es como una comunión entre los dos (…) la guitarra va siguiendo (…) al que canta y al que baila.

 

 

 

 

DE BÚSQUEDAS, EJES, PROCESOS Y MOTIVOS PARA EXPLORAR

Winy narra que en el flamenco hay muchos conceptos y ha evolucionado como la música. La vida misma obliga a ello, sin querer se va haciendo ese cambio, al ser parte de ese mundo cuando se aprende desde casa como una forma de vida. Sin salirse de ese contexto ella realiza su búsqueda personal:

(…) Busco los sonidos, me encanta cuando un sonido, me dice algo, me gusta mucho (…) un golpe en “X” momento (…) ahí tienes un mundo para buscar, improvisar, probar, sacar, meter (…) por ahí hay mucho campo (…) hay mucho más material y camino en los sonidos (…)

 

LOS ESPACIOS COTIDIANOS Y EL TRABAJO CREATIVO

Mercedes Amaya relata que su hija, la bailaora Karime Amaya radicada actualmente en Barcelona, se vive más creativa para inventar pasos cuando trabaja en el estudio de sus padres en la Ciudad de México.

Este espacio es además una fuente de vínculos y afectos. Al vivir sus hijos y nietos en España, otra vertiente familiar en México la constituyen precisamente sus estudiantes.
Para Winy, aunque cuando monta o ensaya o hace coreografías, el salón donde actualmente da clases se le queda pequeño, ella siente que en otro sitio nada le saldrá como ahí. Y aunque este espacio no es el original donde ensayaban su padre y su madre, que estaba a unas cuantas cuadras, en la colonia Roma de la Ciudad de México, en la calle de Medellín que desemboca en la réplica de la fuente de La Cibeles de Madrid, le parece que es como si ellos se hubieran cambiado con ella al espacio actual:

(…) Tiene algo de magia, la energía de (..) como lo empezaron (…) mi madre y mi tía, como que su energía sigue viva. Entonces este espacio es maravilloso para mí. No sé si son las fotos, es algo que está ahí presente. A mí me da también (…) siempre me sale algo nuevo. Tengo la silla mágica esa (…) que me siento ahí y es donde mejor me salen las ideas, no sé por qué.

 

MÉXICO, ARTE Y POLÍTICA

Esta bailaora percibe muchos problemas actuales en México: La falta de apoyo económico a la actividad artística y la violencia desquiciada y rebasada en el presente como nunca. Señala la necesidad de frenarla y afirma que ninguna persona merece una vida donde la inseguridad domine.

Winy cree que el arte sí debe relacionarse con lo que pasa en el país. Rememora cómo diversos artistas mexicanos han tenido gran reconocimiento en el mundo: músicos, escritores, compositores, cantantes, actores, cineastas. Menciona también la necesidad de programas que lleven las artes a los entornos de los grupos sociales y que inviertan su tiempo en algo que les enriquecerá el alma, les dará más panorama. El arte aprendido de esta forma puede proporcionar una forma de ganarse la vida sin necesidad de asaltar o ejercer algún tipo de violencia:

(…) El arte mueve todo. A un país entero (….) el arte hay que sentirlo como lo sienten aquí, si no ni cantarían como cantan, ni compondrían como componen (…) El arte es desde dentro, es de sentir. Es algo (…) muy de verdad (…) mueve todo (…) Y es algo que a un país (…) con el sentimiento, lo mueves y lo levantas. Si no invierten en el arte, no hay nada. Quedamos más pobres todavía. ¿Qué prefieres? ¿Un niño en la calle o un niño que le apoyes para una beca y que esté estudiando literatura o esté estudiando danza, o esté estudiando canto? Va a tener mil veces más provecho (…) en un país sin seguridad, te pueden ofrecer la mejor escuela del mundo (…) el mejor trabajo (…) las mejores carreteras (…) Si no hay seguridad, nada te sirve de eso. Nada (…)

 

 

EPÍLOGO
Termina nuestra conversación y es sucedida por el baile en sí, esa fuerza poderosa del despliegue vital del cuerpo al vaivén de compás, música y energía que Mercedes Amaya transmite de danza a danza, de persona a persona:

Antes había tablaos (…) eran sitios que generalmente son de marcha, que la gente iba, el público iba, porque tenía más seguridad y tranquilidad de salir en la noche. Entonces funcionaban (…) dentro de tu medio había mucho más, convivías con mucho más gente (…) había gente de España, gente de México (…) había una energía, te contaminas de todo el flamenco en el buen sentido. Aprendes del uno del otro, te vas enriqueciendo (…) al no haber seguridad no hay nada de eso. Se van quitando los lugares y la gente no va y nos vamos quedando más chiquitos (…) El Flamenco es una rama más de lo que es el arte (…) que tiene que ayudar a levantar un país.

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