Función-Concierto “Centro Proart”/ Festival IBÉRICA 2019

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Función-concierto “Centro Proart” en el marco del VII Festival Internacional de Danza Ibérica Contemporánea, en el Jardín principal de “El Pueblito”, municipio de Corregidora, Querétaro.  Texto: Eugenia Macías

Fotografías: Gloria Minauro y Gabriel Ramos/ Isóptica/ Texto: Eugenia Macías

Este domingo 7 de julio tuvo lugar en el Jardín Principal del municipio de Corregidora, Querétaro, la función-concierto del Centro Proart con la participación de sus compañías de Ballet Español y de Ballet Juvenil de Danza Clásica y las actuaciones especiales de los profesionales españoles que laboran en esta instancia educativa: Sandra Ostrowski, Pablo Egea, Laura Juncal, Alberto Quejido y la actuación especial del brasileño Eduardo Alves.

Los sonidos incidentales de la plaza (truenos, campanas, vehículos), el atardecer lleno de viento, los claroscuros de las nubes acentuadas en sus volúmenes por los últimos rayos solares, conformaron un contexto que a veces disolvía visualmente a los intérpretes, que desplegaron distintas vertientes dancísticas para revisitar lo español en Querétaro, con acertivas vinculaciones entre coreografías a través de tareas escénicas de encuentros entre intérpretes como condición de continuidad expresiva.

Una melodía de piano desarrolló juegos inusuales a la par que las bailarinas del Ballet Español Proart exploraron gestos con hombros, braceos, posturas y balanceos más contemporáneos. También hubo repeticiones de secuencias desfasadas entre bailarinas y citas a pasos de danzas tradicionales de regiones españolas.

Desde la danza contemporánea una mujer revuelta internamente, con una silla que podría ser su bagaje, tarea, labor, o maleta de camino, mezcló los puños en el aire, cargó la silla con su espalda e intentó volar con ella encima sin lograrlo, luego es como si quisiera sacarse algo del cuerpo y cayó al piso para liberar las piernas.

A continuación un hombre recuperó juegos de pies, saltos grandes y pequeños de jotas y danzas tradicionales de regiones de España, vueltas. Tras él una canción de Edith Piaf contuvo el tratamiento de una feminidad liberada que expandió los movimientos del ballet hacia otros más contemporáneos o españoles, zapatillas negras de punta, abanico rojo y el gesto de un ataviarse deliberado con lápiz labial en la boca y un brazo.

Una especie de canto ritual en portugués y percusiones dieron lugar a un explorar la danza como si la bailarina y su vestido rojo llevaran consigo el ritual de un antagonista en el cuerpo mismo con el cuál indagar y dialogar desde el movimiento.

Después la danza clásica española volvió a estar presente en la falseta a guitarra encarnada en los giros, brazos y torsiones de una bailarina a la que luego se unió un varón, para una exploración del caminar danzado, una constante en esta obra que repite algunas secuencias y el sonar de las castañuelas cuando la música apunta el patrón rítmico de un fandango y su acentuación ternaria para celebrar el placer de un moverse pleno con vueltas quebradas, paseos y separaciones.

La función dio un giro radical con el solo de un hombre que traduce a su movimiento la sonoridad de una voz portuguesa en off, para marcar la búsqueda interna y en el universo de la palabra y el movimiento. Unos ojos dibujados en las palmas del intérprete son antenas de conexiones vitales. Cautela y desplegar pesos en el suelo. Expresar inmersiones en sitios, buscar a ciegas, no con los ojos físicos sino con esos que son antenas de conexión con el mundo. Silencio, repliegue, espera, estímulos, navegar con las piernas, cerrar los ojos.

Luego otra danza en que el movimiento fue un juego y otra más que revisitó Leyenda de Albéniz desde la danza clásica española con castañuelas, zapateados, paseos escénicos, pasos tradicionales de regiones, en un ejercicio escénico vigoroso y de miradas fijas que dio paso al cuarteto con el que el Ballet Juvenil de Danza Clásica Proart concursó en la final de la gala inaugural, La locura y la razón, que entre otros juegos de estructura coreográfica experimentó que el movimiento de cada bailarina desata el movimiento posterior en otra más.

La función cerró con danza contemporánea con un dueto que trata del impulso interno del movimiento y el experimentar con el cuerpo en ello y el apoyar el despliegue de la compañera escénica. La pieza se divide en dos partes una con música muy melancólica y otra con una pieza muy dinámica que se combinó con campanadas, parvadas y la última luz del día.

Créditos

Bailaores:
Sandra Ostrowski (España)
Pablo Egea (España)
Laura Juncal (España)
Alberto Quejido (España)
Invitado especial:
Eduardo Alves (Brasil)

Compañías:
Ballet Español Proart
Ballet Juvenil de Danza Clásica Proart
Jardín Principal de “El Pueblito” Municipio de Corregidora
Ciudad de Querétaro, Qro.
Julio 7, 2019
Texto: Eugenia Macías

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