“Wilma”, explora una identidad problemática desde la corporalidad teatral, parte de la residencia de Proyecto Granguiñol Psicotrónico

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Con apoyos de la Secretaría de Cultura y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, esta residencia articula un ciclo de varias obras cuyos textos se han compilado además en el volumen Este lugar común. Este periodo de funciones cerrará el próximo 1º. de marzo con un homenaje al dramaturgo Xabier Lizárraga, creador-director-productor de un sólido cuerpo de teatro gay mexicano en la década de 1990 que ofreció otro mundo para reconocerse a personas que no se hallaban en las imágenes de la producción cultural heterosexualizante.

Texto: Eugenia Macías

Fotos: Gerardo Castillo/ ISÓPTICA

El programa de mano bajo la autoría de Luis Alcocer Guerrero, uno de los directores y gestores de esta iniciativa en activo desde el 2013, Proyecto Granguiñol Psicotrónico, explica que su eje común es la exploración en la escena actual de lo siniestro, la visibilidad de elementos usualmente ocultos al espectador en los montajes y el retomar la monstruosidad y deformidad del cine psicotrónico, para orientar las puestas en escena bajo las siguientes premisas: el proceso de creación como parte de la obra, el extrañamiento de miembros del montaje respecto del discurso que emiten, el placer erótico como representación (o no), el jugar con expectativas del público y asumir la creación teatral como una escritura autoral e interdisciplinaria en el tiempo y el espacio, que trasciende prácticas canónicas.

En Wilma, producida e interpretada por Itzhel Razo se fusionan ficción y autobiografía articulando simultáneamente diversos canales expresivo-comunicativos: la exploración de la corporalidad propia para encarnar el personaje apelando tanto a danza contemporánea y expresión corporal, como a danzas y manejos de lo corporal en producciones culturales locales, el texto como andamiaje de la acción, objetos a manera de metonimias contextuales de la historia (jícaras del sureste mexicano, pinturas, arcilla y colores, una pecera y un barco de juguete en ella). Otros accesorios son herramientas para construir metáforas de sucesos que empatan desastres personales y naturales (focos, ventiladores, cuerdas).

Y la imagen es un importante personaje de memoria durante todo el montaje: la fotografía por un lado y por otro, la visualidad que es gesto emocional que interviene pictóricamente lo fotográfico.

La enunciación simultánea de todos estos elementos escénicos expande la experiencia sensible a la que incita este montaje, que podría tacharse como vintage respecto del propio desarrollo de las prácticas teatrales en México y el mundo. Sin embargo hay algo impredecible que se vincula con la ejecución unipersonal singular que lo constituye. Quizás para un especialista en lo teatral hay acciones que pueden ser predecibles en el juego con lo objetual, pero para el público general la ejecución provee asombros potenciales.

Otros aspectos tratados son:

La revitalización de lenguas nativas como mundos inaccesibles para los mestizos mexicanos, las variantes en el habla local y la etimología de los vocablos como marcadores de diferenciaciones socioeconómicas. La cultura al lado del mar y sus peligros: distinguir entre ciclones, tifones y huracanes, querer borrar sus nombres como los de las personas que nos dañan irreparablemente.

Un huracán en que “hasta una niña salió volando”, paisaje sonoro de destrucción, vientos y lluvias torrenciales. Zangoloteo de un sostenerse precario entre cuerdas y la protagonista se lamenta de no haber entendido el mar, de haber abierto una puerta para sentir el viento…girar y narrar…quedar estrellada y contrahecha dentro de una estructura, mientras un bordón sonoro acompaña una sucesión de imágenes que podrían ser esa familia y todas las familias….

El desastre personal de la propia historia que corre paralelo a los desastres naturales y su repercusión en poblaciones. Las genealogías familiares y la crítica social a la maldad como condición esencial humana que se cultiva bien profunda entre las élites tradicionales regionales. Un brujo puede enderezar un mal físico, pero no el destino de la gente.

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Dramaturgia, dirección, producción general, actuación, espacio escénico:
Itzhel Razo

Iluminación, colaboración artística, asistencia técnica, asesoría de puesta en escena:
Luis Alcocer Guerrero

Diseño sonoro:
Rodrigo Castillo Filomarino (Sistema Nacional de Creadores de Arte, FONCA, 2019)

Asesoría actoral:
Manuel Domínguez

Agradecimientos:
Ana García y Alicia Sánchez.

Residencia de Proyecto Granguiñol Psicotrónico
Coordinación General:
Diana Ham

Difusión y Coordinación de medios:
Raúl Medina

Ilustraciones y diseño Gráfico:
Héctor Ortega

Redes Sociales:
Khrist Schechter

Dramaturgos, directores, productores:
Luis Alcocer Guerrero, Arturo Serrano Hernández, Itzhel Razo, Rodrigo Castillo Filomarino.

Teatro El Milagro
Planta técnica:
Celso Martínez Flores
Rodolfo Mora González
Cristofer Pérez Illescas

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15 de Febrero 2020 | Ciudad de México

Teatro El Milagro

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